top of page

¿Por qué puede pasar horas jugando y no diez minutos haciendo deberes?

  • hace 9 horas
  • 5 min de lectura

En la entrada anterior respondíamos a una pregunta que escucho con frecuencia en consulta:

¿El TDAH existe o es un invento?

Mi respuesta era clara: sí, existe.

Pero esa respuesta suele dar paso a otra pregunta todavía más interesante:

—Doctor, si mi hijo tiene un déficit de atención, ¿cómo puede estar tres horas seguidas jugando a Minecraft y no aguantar diez minutos haciendo los deberes?

Es una pregunta excelente.

Y la respuesta nos obliga a desmontar una de las ideas más extendidas sobre el TDAH.

Porque el problema no es que estos niños no tengan atención. De hecho, muchos tienen una enorme capacidad para concentrarse. Lo que ocurre es algo bastante más complejo.


La atención no es una sola cosa

Cuando pensamos en la atención solemos imaginarla como un interruptor.

  • Atento.

  • Distraído.

  • Encendido.

  • pagado.

Pero el cerebro no funciona así.

Y tampoco lo hacen las capacidades que utilizamos para aprender, recordar o controlar nuestra conducta.

Aunque solemos hablar de atención, memoria y funciones ejecutivas como si fueran habilidades independientes, en realidad trabajan juntas constantemente.

  • La atención es la puerta de entrada: nos permite captar la información.

  • La memoria la almacena para poder utilizarla más tarde.

  • Y las funciones ejecutivas son las que nos ayudan a organizarla, planificar, tomar decisiones y transformar esa información en acciones.

Por eso, cuando una de estas funciones

no trabaja correctamente, las demás también pueden verse afectadas.


Imaginemos que una profesora explica una actividad en clase.

Si el niño está mirando por la ventana y no presta atención, la información ni siquiera llega a entrar correctamente en el cerebro. Como no ha atendido, tampoco podrá recordarla después. Y si no la recuerda, difícilmente podrá organizarse para realizar la tarea.

Desde fuera parecerá que "no ha aprendido", cuando el problema inicial estaba en la atención.


Pensemos ahora en otro niño que sí escucha las instrucciones, pero tiene dificultades en la memoria de trabajo.

La profesora le dice:

—Saca el cuaderno, abre la página 15 y haz los ejercicios 1 y 2.

Cuando llega a su mesa ya ha olvidado parte de la secuencia.

Parece despistado. Pero el problema no era la atención. Era la memoria.


Y también puede ocurrir lo contrario.

Un niño puede escuchar perfectamente y recordar lo que tiene que hacer, pero tener dificultades en las funciones ejecutivas. Sabe que debe empezar los deberes. Sabe cómo hacerlo. Pero no consigue organizarse. Se distrae con cualquier estímulo. Empieza una tarea y abandona para comenzar otra.

Desde fuera puede parecer desinterés o falta de esfuerzo. Pero el problema está en los mecanismos cerebrales que regulan la planificación, la persistencia y el autocontrol.

Por eso el cerebro no funciona por compartimentos.

  1. La atención permite que la información entre.

  2. La memoria permite que permanezca.

  3. Y las funciones ejecutivas permiten utilizarla.


Lo que nos enseñó Charo Rueda

Una de las investigadoras que más ha contribuido a comprender estos procesos es Charo Rueda, catedrática de Psicología de la Universidad de Granada y directora del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva del Desarrollo.

Su trabajo ha ayudado a popularizar una idea fundamental:

La atención no es una única capacidad.

Está formada por varios sistemas cerebrales que colaboran entre sí.

De forma simplificada podemos hablar de tres grandes redes:


  • La red de alerta

Es la que nos mantiene despiertos y preparados para reaccionar. Gracias a ella escuchamos nuestro nombre en una habitación llena de gente,o detectamos un ruido inesperado.

Es el sistema que nos mantiene disponibles para atender.

  • La red de orientación

Es la que decide dónde colocamos el foco. Nos permite seleccionar información relevante y dirigir la mirada hacia aquello que consideramos importante. Es la responsable de que un niño deje de escuchar una explicación porque acaba de pasar una mariposa por la ventana.

  • La red de control ejecutivo

Aquí encontramos la gran protagonista del TDAH.

Esta red nos permite:

  • controlar impulsos;

  • esperar turnos;

  • organizar tareas;

  • planificar objetivos;

  • regular emociones;

  • tolerar frustraciones;

  • persistir cuando algo resulta aburrido.

Es, en cierto modo, el director de orquesta del cerebro.

Y también es la red que más tarda en madurar.

Un cerebro en construcción

Existe una tendencia muy humana a juzgar a los niños utilizando criterios de adultos. Esperamos que recuerden. Esperamos que se organicen. Esperamos que controlen sus impulsos. Esperamos que mantengan la atención durante largos periodos.

Pero olvidamos algo importante. Su cerebro todavía está construyéndose. Las regiones prefrontales implicadas en las funciones ejecutivas continúan desarrollándose durante toda la infancia, la adolescencia e incluso parte de la vida adulta joven. Por eso los niños interrumpen. Pierden materiales. Olvidan encargos.

Se distraen. Necesitan recordatorios constantes.

Eso forma parte del desarrollo normal.

La infancia no es un trastorno.

Entonces, ¿qué ocurre en el TDAH?

Aquí aparece la diferencia.

Todos los niños tienen funciones ejecutivas inmaduras.

Pero en el TDAH estas dificultades son significativamente mayores de lo esperado para la edad.

Durante los últimos dos años, diversas revisiones neurocientíficas han seguido reforzando una idea que ya se intuía desde hace tiempo:

El núcleo del TDAH parece encontrarse en las redes encargadas del control ejecutivo y de la regulación de la atención. Los estudios de neuroimagen continúan identificando diferencias funcionales en circuitos que conectan la corteza prefrontal con estructuras profundas implicadas en la motivación, la recompensa y el autocontrol.

Por eso muchos niños con TDAH tienen dificultades para:

  • mantener objetivos a largo plazo;

  • resistir distracciones;

  • controlar impulsos;

  • organizar tareas complejas;

  • regular emociones;

  • terminar actividades poco estimulantes.

No es una cuestión de inteligencia. No es una cuestión de voluntad.

Es una cuestión de funcionamiento cerebral.

El misterio del hiperfoco

Y aquí llegamos a una de las características más fascinantes del TDAH.

El hiperfoco.

Muchos padres describen situaciones aparentemente contradictorias.

"No puede estar diez minutos haciendo deberes, pero lleva dos horas construyendo con Lego."

"No recuerda dónde ha dejado la mochila, pero conoce de memoria todos los Pokémon."

"No termina una ficha del colegio, pero puede pasarse toda la tarde dibujando."

A primera vista parece absurdo. Pero en realidad tiene sentido.

Lo que falla en el TDAH no es la cantidad de atención disponible. Lo que falla es la capacidad para dirigirla voluntariamente hacia aquello que resulta necesario.

Cuando una actividad es muy interesante, novedosa o gratificante, el cerebro puede concentrarse de forma extraordinaria.

La atención aparece. Y a veces aparece con una intensidad sorprendente.

El papel de la dopamina

Las investigaciones recientes siguen señalando la importancia de los circuitos dopaminérgicos en el TDAH.

La dopamina no es la hormona de la felicidad.

Es un neurotransmisor relacionado con la motivación, el aprendizaje y la recompensa.

Gracias a ella nuestro cerebro decide qué merece la pena hacer.

Cuando una actividad resulta interesante, la dopamina facilita mantener el esfuerzo.

Cuando resulta monótona o poco estimulante, mantener la atención exige mucho más trabajo.

Por eso algunos niños pueden dedicar horas a una actividad que les apasiona y, al mismo tiempo, sufrir enormemente para completar tareas rutinarias.

No porque no quieran.

Sino porque les cuesta mucho más.

Lo que cambia cuando entendemos esto

Quizá la consecuencia más importante de todo lo anterior no es científica :Es humana.

Porque cuando comprendemos cómo funciona el cerebro dejamos de interpretar automáticamente algunos comportamientos como vagancia, desinterés o mala educación.

Pasamos de pensar:

—Podría hacerlo si quisiera.

A preguntarnos:

—¿Qué necesita para conseguirlo?

Y esa diferencia cambia nuestra forma de educar, acompañar y ayudar.

La idea más importante

La neurociencia ha avanzado muchísimo en los últimos años.

Sabemos más que nunca sobre atención, memoria, funciones ejecutivas y desarrollo cerebral.

Pero si tuviera que resumir todo este conocimiento en una sola frase sería esta:

El TDAH no es una falta de atención. Es una dificultad para regularla.

Y comprender esa diferencia puede cambiar por completo la manera en que vemos a muchos niños.

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
  • Instagram
  • Facebook
  • X
  • Pinterest

© 2024 por Blog de Crianza de Hijos. Creado con Wix.com

Avda. Pau Casals, 15. 3Ducktors PEdiatric Center. 43840 Salou. Tarragona

Telf.: 977076303. Cita Previa

bottom of page