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Mi pediatra o en la escuela lo han dicho… ¿y ahora quién diagnostica los trastornos del neurodesarrollo?

  • Foto del escritor: JOSE ANGEL BILBAO SUSTACHA
    JOSE ANGEL BILBAO SUSTACHA
  • hace 7 días
  • 4 Min. de lectura

No tienes tiempo: Te lo resumo:

El diagnóstico en los trastornos del neurodesarrollo no es una etiqueta ni una visita aislada, sino un proceso continuo que empieza con una buena sospecha pediátrica, se fortalece con una evaluación neuropsicológica rigurosa y se completa con la valoración médica especializada cuando es necesaria. Un buen diagnóstico explica cómo funciona el niño, orienta decisiones reales y abre puertas a apoyos adecuados. Si después del diagnóstico no entiendes mejor a tu hijo, falta una pieza del proceso.


Introducción

Cuando aparece la sospecha de un trastorno del neurodesarrollo, muchas familias sienten que entran en un recorrido fragmentado: primero la duda, después el diagnóstico, más tarde las decisiones prácticas y, con el paso del tiempo, nuevas preguntas que no siempre encuentran un referente claro.

Sin embargo, el neurodesarrollo no se entiende en compartimentos estancos. La sospecha diagnóstica, la evaluación, las decisiones posteriores y el acompañamiento a largo plazo forman parte de un mismo proceso clínico que evoluciona con la edad, el contexto y las demandas del entorno.

Esta serie de 3 entradas aborda ese proceso de forma ordenada: quién debe realizar el diagnóstico y cómo hacerlo con rigor, qué ocurre después y cómo priorizar apoyos sin colapsar, y finalmente cómo acompañar el desarrollo a medio y largo plazo sin que el diagnóstico se convierta en el centro de todo.

Porque en los trastornos del neurodesarrollo, tan importante como diagnosticar bien es saber qué hacer después y cómo sostener el camino con criterio y continuidad.


El diagnóstico ya no es poner una etiqueta

Hace años, muchas familias recibían un diagnóstico casi como una sentencia: un nombre, un informe breve y pocas explicaciones más.

Hoy sabemos que eso no es suficiente.

En los trastornos del neurodesarrollo no buscamos solo un nombre (TDAH, TEA, trastorno del lenguaje…). Buscamos entender cómo funciona ese niño o esa niña, qué le cuesta más, qué se le da bien y qué necesita para estar mejor.

Por eso, el diagnóstico actual no es un acto rápido, ni una sola visita, ni una única opinión.

Es un proceso.


Todo empieza con una buena sospecha

1. El pediatra: el primer centinela del neurodesarrollo

El pediatra de atención primaria o de referencia es, en la mayoría de los casos, la puerta de entrada real al diagnóstico.

Su papel ha evolucionado claramente:

Detección precoz

Identifica señales de alerta en el desarrollo, la conducta, el lenguaje o la atención, y utiliza herramientas de cribado cuando procede.

• Descarte médico

Antes de atribuir un perfil a un trastorno del neurodesarrollo, es imprescindible descartar causas médicas que pueden simular o agravar los síntomas: alteraciones auditivas o visuales, ferropenia, trastornos tiroideos, problemas del sueño, epilepsia, etc.

• Coordinación del proceso

El pediatra no siempre firma el diagnóstico final, pero decide a quién derivar, cuándo y con qué sospecha clínica, evitando el clásico “esperar y ver” que tanto retrasa apoyos.

Clave clínica: un buen pediatra no diagnostica solo, pero un mal inicio del proceso compromete todo el diagnóstico posterior.



2. Psiquiatría y neurología: diagnóstico clínico y marco legal

Son los profesionales que, en muchos contextos, formalizan el diagnóstico clínico con validez sanitaria y administrativa.

Psiquiatría infantil o de adultos

• Realiza diagnóstico diferencial complejo: TDAH, TEA, ansiedad, trastornos del ánimo, trauma, trastornos del apego.

• Evalúa comorbilidades, muy frecuentes.

• Indica y supervisa tratamiento farmacológico cuando está indicado.

Neuropediatría / Neurología

• Valora la integridad estructural y funcional del sistema nervioso.

• Descarta patología neurológica que pueda solaparse con el perfil conductual o cognitivo.

• Aporta seguridad diagnóstica en casos complejos o atípicos.


3. El corazón del diagnóstico actual: la evaluación neuropsicológica

Si hay una figura clave hoy en el diagnóstico del neurodesarrollo, esa es la del neuropsicólogo.

¿Por qué?

Porque es quien puede responder, con pruebas y observación clínica, a la pregunta más importante:

¿Cómo funciona este cerebro en la práctica?

Si el neurólogo evalúa el hardware, el neuropsicólogo estudia el software.

En 2026, no hay diagnóstico de calidad sin evaluación neuropsicológica.

¿Qué aporta?

• Evaluación objetiva de funciones ejecutivas: atención, memoria de trabajo, control inhibitorio, flexibilidad cognitiva, velocidad de procesamiento.

• Perfil cognitivo completo: no solo detecta dificultades, sino también fortalezas sobre las que construir apoyos.

• Detección de doble excepcionalidad: altas capacidades que enmascaran TDAH o TEA, o viceversa. Un perfil clave para el colegio, la familia y el propio paciente.

El neuropsicólogo no se limita a observar la conducta. Evalúa procesos como la atención, la memoria, la planificación, la flexibilidad mental, el lenguaje y la velocidad de procesamiento.

Gracias a esto puede:

• diferenciar problemas que se parecen por fuera,

• detectar perfiles mixtos,

• identificar fortalezas,

• y explicar por qué el niño hace lo que hace.

Un buen informe neuropsicológico no es solo un diagnóstico. Es un mapa para entender al niño y tomar decisiones reales.


El diagnóstico más fiable es el que se hace en equipo

La experiencia y la evidencia coinciden en algo claro:

👉 Cuantas más piezas encajan, más sólido es el diagnóstico.

Un buen proceso suele incluir:

• una sospecha pediátrica bien orientada,

• una evaluación neuropsicológica profunda,

• y la valoración médica especializada cuando es necesario.

No por moda. Por rigor.


Qué conviene evitar como familia

También es importante saber qué no es un buen diagnóstico:

• un informe rápido con una etiqueta sin explicación,

• una conclusión que no encaja con la vida diaria del niño,

• un diagnóstico que no ofrece orientaciones prácticas,

• o una evaluación que no tiene en cuenta el contexto familiar y escolar.

Si después del diagnóstico sigues sin entender a tu hijo, algo falta.


Para terminar

Recibir una sospecha o un diagnóstico no significa que algo “se haya roto”. Significa que empezamos a mirar de otra manera.

Un buen diagnóstico no encierra. Abre puertas.


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