"Mi hijo tiene una hemorroide": ¿qué puede ser ese bulto en el ano?
- hace 19 horas
- 6 min de lectura

«Doctor, a mi hijo le ha salido una hemorroide».
No es una consulta especialmente frecuente, pero de vez en cuando una familia llega preocupada porque ha descubierto un pequeño bulto alrededor del ano del niño. A veces aparece mientras hace caca y luego desaparece. Otras permanece allí. Puede doler, sangrar o no producir ninguna molestia.
La primera conclusión suele ser inmediata: es una hemorroide.
Puede serlo. Los niños también pueden tener hemorroides. Pero son mucho menos frecuentes que en los adultos y existen otras causas que pueden tener un aspecto parecido.
Por eso, ante un bulto anal en un niño, la pregunta no debería ser únicamente «¿tiene hemorroides?», sino otra:
¿Qué puede ser ese bulto?
Sí, los niños pueden tener hemorroides
Las hemorroides no son unas venas que aparecen de repente. En el canal anal existen normalmente unos cojinetes vasculares que contribuyen al mecanismo de cierre del ano. Hablamos de enfermedad hemorroidal cuando estas estructuras aumentan de tamaño, se desplazan o producen síntomas.
En pediatría es una patología poco frecuente y disponemos de muchos menos estudios que en adultos.
Las series pediátricas publicadas muestran una asociación frecuente con estreñimiento y esfuerzo durante la defecación, aunque no todos los niños que presentan hemorroides están estreñidos.
Un estudio publicado en 2019 sobre 56 niños y adolescentes con enfermedad hemorroidal externa encontró estreñimiento en aproximadamente el 59 % de los casos.
Pero hay un detalle especialmente interesante para la consulta pediátrica.
En casa se veía, pero ahora ya no está
Y los padres empiezan a pensar que han venido al pediatra para enseñarle un ano perfectamente normal. No pasa nada.
Algunas hemorroides externas infantiles pueden hacerse visibles únicamente durante o inmediatamente después de la defecación y disminuir después.
Una serie pediátrica publicada en 2025 encontró que muchas lesiones no eran visibles durante la exploración médica. Las fotografías realizadas por las familias cuando aparecía el bulto ayudaron considerablemente a establecer el diagnóstico.
Por tanto, si el niño presenta repetidamente una lesión al hacer caca que desaparece posteriormente, una fotografía puede ser útil para enseñársela al pediatra.
Naturalmente, respetando siempre la intimidad del niño y utilizándola exclusivamente con finalidad médica.
Pero ese bulto puede ser otra cosa

Esta es probablemente la parte más importante.
No todo lo que sobresale alrededor del ano es una hemorroide.
Un pliegue de piel
Es una causa frecuente de confusión.
Después de una fisura anal mantenida puede quedar un pequeño pliegue o colgajo de piel en el margen anal, conocido como pliegue centinela o skin tag.
Los padres ven una pequeña «bolita» y pueden interpretarla como una hemorroide.
Pero no lo es.
Si además el niño tiene antecedentes de estreñimiento, deposiciones grandes o dolor al hacer caca, esta posibilidad cobra especial importancia.
Una fisura anal
La fisura es una pequeña herida de la mucosa anal, muy relacionada en la infancia con la expulsión de deposiciones grandes y duras.
Suele producir dolor al defecar y pequeñas cantidades de sangre roja brillante, sobre las heces o al limpiarse.
Cuando la fisura persiste puede acompañarse precisamente del pequeño pliegue cutáneo que comentábamos antes.
Y entonces tenemos todos los ingredientes para que la familia llegue diciendo:
«Tiene una hemorroide y además sangra».
Cuando el origen puede ser una fisura asociada al estreñimiento.
Un prolapso rectal
También puede confundirse con una hemorroide, aunque su aspecto suele ser diferente.
En el prolapso, una parte de la mucosa o de la pared del recto sale a través del ano, generalmente durante la defecación.
Puede desaparecer espontáneamente después.
Es más frecuente en niños pequeños y obliga a valorar las circunstancias que pueden favorecerlo, especialmente el estreñimiento y el esfuerzo defecatorio, aunque existen otras causas.
Una hemorroide externa
Sí. También puede ser realmente una hemorroide.
Puede observarse como una protuberancia en el margen anal que aumenta durante la defecación y posteriormente disminuye.
Puede producir molestias, picor o dolor, aunque algunos niños prácticamente no tienen síntomas.
Una hemorroide trombosada
En ocasiones se forma un coágulo dentro de una hemorroide externa.
Entonces el aspecto cambia: puede aparecer una tumoración tensa, azulada o violácea y generalmente dolorosa.
Es una situación mucho menos habitual en pediatría y debe ser valorada.
Una lesión inflamatoria o infecciosa
No todos los bultos perianales son de origen vascular.
Un absceso, una infección, una dermatitis importante u otros procesos inflamatorios pueden producir aumento de volumen, enrojecimiento y dolor.
Un bulto rojo, caliente, muy doloroso, que aumenta progresivamente o se acompaña de fiebre requiere valoración médica.
También existen lesiones perianales asociadas a determinadas enfermedades intestinales, entre ellas la enfermedad inflamatoria intestinal, especialmente cuando aparecen otros síntomas digestivos o alteraciones perianales persistentes.
La pregunta fundamental: ¿cómo hace caca?
Ante un niño con un bulto anal hay una parte de la historia clínica que aporta muchísima información. ¿Cómo son sus deposiciones?. ¿Son grandes y duras?. ¿Hace caca todos los días o pasan varios días?.¿Tiene que empujar mucho?.¿Le duele?.¿Se esconde o se pone rígido para evitar hacer caca?.¿Ha empezado a retener?.¿Hay sangre roja al limpiarlo?.
¿El bulto aparece únicamente cuando defeca y después desaparece?
Porque en muchos niños podemos encontrarnos con una secuencia bastante reconocible:
estreñimiento → deposición dura → dolor o fisura → miedo a hacer caca → retención → deposiciones todavía más duras. Y mantener este círculo acaba perpetuando el problema.
Por eso, incluso cuando existen hemorroides verdaderas, tratar únicamente «la hemorroide» sin corregir el estreñimiento tiene poco sentido.
¿Hay que hacer pruebas?
Habitualmente, no de entrada.
Una buena historia clínica y la exploración de la región anal permiten orientar muchos casos.
Si la lesión aparece exclusivamente durante la defecación, la fotografía aportada por la familia puede resultar especialmente útil.
A partir de ahí, la necesidad de realizar otras exploraciones dependerá del aspecto de la lesión, la edad del niño, los síntomas acompañantes, la evolución y sus antecedentes.
No todo debe atribuirse al estreñimiento
El estreñimiento explica una parte importante de los problemas anales durante la infancia, pero tampoco debemos convertirlo en explicación universal.
Una lesión atípica, muy llamativa, persistente o recurrente merece una valoración adecuada.
En niños con determinadas enfermedades hepáticas e hipertensión portal pueden aparecer dilataciones venosas anorrectales. Las varices anorrectales y las hemorroides no son exactamente lo mismo y deben diferenciarse.
Es una situación excepcional comparada con el niño sano que consulta por estreñimiento, pero forma parte del diagnóstico diferencial cuando existen antecedentes que hagan pensar en ella.
¿Cómo se tratan las hemorroides en los niños?
En la mayoría de los casos pediátricos, el tratamiento inicial es conservador.
El objetivo fundamental es sencillo: conseguir deposiciones blandas, regulares y sin esfuerzo.
Hay que revisar la alimentación, asegurar una cantidad adecuada de fibra según la edad, mantener una buena hidratación, favorecer la actividad física y establecer hábitos adecuados para ir al baño. Pero cuando existe un estreñimiento establecido, decir simplemente «que coma más fruta y beba más agua» puede ser insuficiente.
En esos casos puede ser necesario un tratamiento específico del estreñimiento, habitualmente con los laxantes utilizados en pediatría, durante el tiempo necesario para conseguir deposiciones blandas y romper el círculo de dolor y retención.
Los baños templados pueden ayudar a aliviar las molestias locales.
¿Y las cremas para las hemorroides?
Aquí conviene ser prudentes.
No deberíamos utilizar automáticamente en un niño cualquier crema antihemorroidal que tengamos en casa. Estos productos pueden contener corticoides, anestésicos locales, vasoconstrictores u otros principios activos que no siempre son necesarios ni adecuados para un niño. Además, si aquello que estamos tratando no es una hemorroide sino una fisura, un pliegue cutáneo, un prolapso o una lesión inflamatoria, probablemente estaremos tratando algo que no existe y retrasando el diagnóstico de lo que realmente ocurre.
¿Cuándo debemos consultar?
Conviene que el niño sea valorado si el bulto aparece repetidamente, no desaparece, aumenta de tamaño, produce dolor importante o se acompaña de sangrado recurrente.
También debemos consultar si existe sangrado abundante, sangre mezclada con las deposiciones, fiebre, supuración, pérdida de peso, diarrea persistente, dolor abdominal mantenido, alteraciones perianales importantes o afectación del estado general.
Y, por supuesto, siempre que no tengamos claro qué estamos viendo.
Entonces, ¿qué puede ser ese bulto?
Puede ser una hemorroide.
Pero también puede ser un pliegue cutáneo relacionado con una fisura, una fisura anal, un prolapso rectal, una lesión inflamatoria o infecciosa y, con mucha menor frecuencia, otro tipo de lesión anorrectal. Por eso no merece la pena diagnosticarlo mirando fotografías de hemorroides de adultos en Internet ni empezar a aplicar cremas por nuestra cuenta.
Hay algo mucho más útil: Mirar al niño, explorar la zona y hacer unas cuantas preguntas.
Y entre ellas hay una que, en pediatría, probablemente nos dará más información que todas las demás:
¿Cómo está haciendo caca este niño?
Referencias
Yildiz T, et al. External hemorrhoidal disease in child and teenage: Clinical presentations and risk factors. Pakistan Journal of Medical Sciences. 2019;35(3):696-700.
Stafrace S, et al. Pediatric external hemorrhoids: clinical characteristics and outcomes of conservative treatment versus injection sclerotherapy. European Journal of Pediatrics. 2025.
Heaton ND, et al. Anorectal varices and haemorrhoids in children with portal hypertension. Literatura pediátrica sobre hipertensión portal y patología vascular anorrectal.




Comentarios