¿Le escuece ahí abajo? Vulvitis y otras molestias genitales durante el verano
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El verano tiene muchas cosas buenas. Los niños pasan más tiempo al aire libre, juegan con agua, corren por la arena y pueden pasarse una tarde entera entrando y saliendo de la piscina o del mar. También aparecen algunas molestias muy propias de estos meses: piel irritada por el cloro, rozaduras, picaduras y, con bastante frecuencia, picor o escozor en la zona genital.
A veces una niña lo cuenta perfectamente:
—Mamá, me pica ahí abajo.
Otras veces empieza a tocarse mucho, camina incómoda o dice que le escuece cuando hace pipí. Los padres miran y encuentran la vulva bastante roja. En los niños la escena es parecida: el glande o el prepucio están enrojecidos, molestan y, en ocasiones, se han hinchado.
Es fácil pensar que se trata de una infección. Y de ahí pasamos rápidamente a la siguiente pregunta:
—¿Le ponemos alguna crema o un desinfectante?
Cuando un niño o una niña llega así a la consulta después de varios días de playa o piscina, antes de pensar en medicamentos me interesa saber qué ha ocurrido alrededor: cuánto tiempo pasa con el bañador mojado, qué productos utilizan para lavarse, si ha habido mucho roce o arena y, en las niñas, si el picor aparece especialmente por la noche.
Son preguntas sencillas, pero pueden cambiar bastante el diagnóstico.
Porque unos genitales rojos no significan necesariamente unos genitales infectados. Durante el verano, muchas de estas molestias son simplemente irritativas.
Empecemos por las niñas: ¿qué es una vulvitis?
Cuando hablamos de vulvitis nos referimos a la inflamación de la parte externa de los genitales femeninos. La vulva aparece roja, puede picar y, cuando la niña hace pipí, la orina al tocar esa piel irritada puede producir bastante escozor.
Esto último confunde mucho. Si una niña dice que le duele al orinar pensamos inmediatamente en una infección de orina. Puede serlo, pero muchas veces el problema está fuera de la vejiga: la orina simplemente está pasando sobre una piel inflamada.
Antes de la pubertad, la mucosa genital es más fina y sensible. Todavía no existe el efecto estrogénico de etapas posteriores y el entorno vaginal es diferente al de una adolescente o una mujer adulta. Además, la proximidad entre el ano y la vulva facilita que restos de heces, una higiene incorrecta o el estreñimiento contribuyan a la irritación.
Durante el verano añadimos humedad, calor, arena, cloro, agua salada, sudor y bastantes horas de bañador.
Algunas vulvas protestan.
El bañador mojado: ni inocente ni culpable de todo
Existe una creencia muy extendida de que llevar el bañador mojado produce infecciones.
No podemos afirmarlo así.
Un bañador húmedo no provoca automáticamente una vulvovaginitis ni una infección urinaria. Lo que sí hace es mantener una piel delicada en contacto prolongado con humedad y sometida a fricción.
Tampoco hace falta cambiar a una niña cada vez que sale diez minutos del agua para volver a bañarse. Si ha terminado la piscina o la playa y va a permanecer bastante tiempo jugando, comiendo o descansando, entonces sí tiene sentido quitarle el bañador mojado y ponerse ropa seca.
La arena también cuenta. Queda atrapada entre la piel y el tejido y puede comportarse como una lija muy fina sobre una zona húmeda. Después llega el pipí, toca esas pequeñas erosiones y escuece.
El cloro y el agua salada pueden resecar e irritar, sobre todo en niños con piel sensible o dermatitis atópica. Al terminar el baño suele bastar una ducha con agua dulce.
El problema puede empezar cuando, intentando solucionarlo, añadimos más higiene: jabón varias veces al día, toallitas, gel íntimo, algún producto perfumado y finalmente un desinfectante.
Una piel irritada no siempre necesita que la limpiemos más.

¿Qué podemos hacer en casa?
Si la niña se encuentra bien, no tiene fiebre ni secreción y las molestias han aparecido después de unos días intensos de playa o piscina, empezaría dejando descansar la piel.
Agua para limpiar, secado suave sin frotar y ropa cómoda. Durante unos días retiraría geles perfumados, espumas de baño, toallitas y productos de higiene íntima. Si existe mucho roce, una fina capa de crema barrera puede proteger la piel del contacto con la humedad y la orina.
Muchas vulvitis irritativas mejoran claramente en uno o dos días con estas medidas.
¿Hay que desinfectar la vulva?
En una vulvitis irritativa simple, no.
La vulva no necesita quedar desinfectada. Alcohol, agua oxigenada, formulaciones alcohólicas de clorhexidina o el uso repetido de povidona yodada pueden aumentar la irritación. Tampoco utilizaría de entrada un antibiótico o un antifúngico tópico simplemente por si acaso.
Otra situación es que aparezcan secreción purulenta, costras, erosiones sobreinfectadas, mal olor llamativo o una inflamación que va claramente a más. Entonces merece la pena explorar a la niña y decidir qué estamos tratando antes de escoger un producto.
Hay una pregunta que no debemos olvidar: ¿le pica más por la noche?
Una niña lleva varios días rascándose. Hemos eliminado jabones, cambiado el bañador y cuidado la piel, pero aquello sigue igual. Quizá ya había tenido episodios parecidos.
Preguntemos por la noche.
Si el picor aumenta cuando se acuesta, duerme inquieta, se despierta rascándose o también presenta picor alrededor del ano, debemos pensar en oxiuros.
Enterobius vermicularis vive en el intestino y las hembras se desplazan fundamentalmente durante la noche hacia la región anal para depositar sus huevos. En las niñas pueden llegar hasta la vulva y producir un picor considerable.
No siempre veremos los pequeños gusanos blancos. Algunas veces lo único que encontramos es una niña con picor anal y vulvar recurrente a la que llevamos semanas poniendo diferentes cremas.
La playa no produce oxiuros. La piscina tampoco. El verano puede hacer que una molestia previa se note más por el calor, el sudor y el roce.
Y no, no todo son hongos
Genitales rojos y picor se asocian con mucha facilidad a candidiasis. En una niña prepuberal sana no debería ser nuestra primera explicación.
La candidiasis vulvovaginal es poco frecuente antes de la pubertad en niñas sanas. Hay situaciones que aumentan su probabilidad, como determinados tratamientos antibióticos, diabetes, inmunodeficiencias u otras circunstancias predisponentes, pero ante una niña de seis años con la vulva roja existen causas bastante más frecuentes.
Aplicar repetidamente antifúngicos sin confirmar qué estamos tratando puede irritar todavía más la zona.
Jabones, dermatitis y piel sensible
Cuando una vulvitis reaparece, interesa revisar qué entra en contacto con la piel.
Puede haber un gel nuevo, unas toallitas, un detergente, un suavizante o algún producto perfumado detrás de una dermatitis que lleva semanas dando problemas. En verano añadimos protectores solares, sudor, bañadores y ropa ajustada.
Las niñas con dermatitis atópica o piel especialmente sensible tienen más facilidad para presentar estas irritaciones.
Preguntemos también cómo hace caca… y cuánto aguanta el pipí
El estreñimiento puede parecer bastante alejado de una vulvitis, pero no lo está.
Las heces duras dificultan una buena higiene y algunas niñas presentan pequeñas pérdidas que mantienen húmeda e irritada la zona. Además, la retención de heces y la de orina aparecen con frecuencia juntas.
En verano es fácil encontrar niños que no quieren dejar de jugar para ir al baño, que no quieren salir de la piscina o que evitan los aseos públicos.
Si una vulvitis se repite, interesa saber cómo son las deposiciones y cuánto tiempo puede pasar la niña sin hacer pipí.
¿Vulvitis o infección de orina?
El escozor al orinar aparece en ambas situaciones.
Cuando la vulva está inflamada, la propia orina puede producir dolor al tocarla. Si, además, la niña empieza a hacer pipí continuamente, presenta urgencia, escapes que antes no tenía, fiebre, dolor abdominal o lumbar o se encuentra decaída, debemos valorar también una infección urinaria.
Cuando la historia no permite distinguirlo, una muestra de orina correctamente recogida puede aclarar bastante más que empezar un antibiótico a ciegas.
¿Y en los niños? Balanitis y balanopostitis
Los niños tampoco se libran de las molestias genitales del verano.
Después de varios días de playa o piscina pueden aparecer picor, escozor o dolor en el pene. Al explorarlo encontramos el glande enrojecido y, en los niños no circuncidados, también puede inflamarse el prepucio.
Cuando la inflamación afecta al glande hablamos de balanitis. Cuando también participa el prepucio, hablamos de balanopostitis.
Una vez más, un pene rojo no significa automáticamente una infección.
Arena, humedad, cloro, sal, sudor y roce pueden irritar la piel. También puede hacerlo una higiene excesiva.
En los niños pequeños hay una recomendación especialmente importante: no debemos forzar el prepucio para limpiarlo. Si todavía no se retrae con facilidad, se limpia hasta donde llegue sin provocar dolor. Las retracciones forzadas pueden producir pequeñas fisuras, sangrado e inflamación y favorecer posteriormente la aparición de cicatrices.
Cuando existe únicamente una irritación leve, suele bastar agua, secado cuidadoso y unos días sin jabones ni otros productos. Tampoco necesitamos aplicar automáticamente un antiséptico, un antibiótico o un antifúngico.
Si aparecen secreción purulenta, inflamación importante, dolor intenso, fiebre o dificultad para hacer pipí, el niño debe ser valorado.
Y hay una situación que requiere atención rápida: si el prepucio se ha retraído y queda atrapado detrás del glande sin poder volver a cubrirlo, estamos ante una parafimosis.
Los episodios repetidos también merecen estudiarse. Repetir la misma crema cada vez no explica por qué están ocurriendo.
En las adolescentes, la historia cambia
Una vulvitis en una niña de cinco años y unas molestias vulvovaginales en una chica de quince no son exactamente el mismo problema.
Con la pubertad aparecen los estrógenos, cambia la mucosa vaginal, se modifica el pH y también la microbiota. Aparece además el flujo vaginal fisiológico, que puede preocupar a algunas chicas aunque forme parte completamente normal del desarrollo.
En esta edad siguen existiendo irritaciones por humedad, roce, productos de higiene o dermatitis, pero la candidiasis adquiere mucha más importancia. También debemos considerar vaginosis bacteriana y, cuando exista actividad sexual, infecciones de transmisión sexual.
No todo flujo necesita tratamiento. Una secreción transparente o blanquecina, sin olor desagradable, picor ni dolor puede ser completamente fisiológica.
Si cambia claramente el olor o el aspecto, aparece picor intenso, dolor, lesiones genitales, sangrado no relacionado con la menstruación o molestias urinarias, merece valoración.
Y en una adolescente intentaría evitar especialmente los tratamientos a ciegas. Comprar un antifúngico porque "seguro que son hongos" puede retrasar el diagnóstico de una dermatitis, una vaginosis u otra infección.
El tanga, el bañador y otro mito: ¿tiene que ser algodón?
En preadolescentes y adolescentes aparece una pregunta que apenas existe en las niñas pequeñas.
¿Puede el tanga producir una vulvitis?
No hay una buena base para afirmar que llevar tanga produzca por sí mismo candidiasis, infección urinaria o vulvitis.
Lo que sí puede producir molestias es una prenda estrecha que roce continuamente una piel sensible, especialmente si permanece húmeda durante horas. Esto puede ocurrir con un tanga, pero también con una braguita muy ajustada, un bikini de corte estrecho, un bañador o unas mallas deportivas.
En verano podemos sumar varias cosas el mismo día: depilación, bañador ajustado, arena, sudor, sal o cloro. Una piel recién depilada puede presentar pequeñas erosiones o folículos inflamados y tolerará peor la fricción. Si existe irritación, evitaría durante unos días aquellas prendas que estén rozando precisamente la zona dolorida.
Y aquí merece la pena revisar otro consejo que llevamos años repitiendo: "que la braguita sea de algodón".
El algodón no es un tratamiento para la vulvitis y un tejido sintético no es automáticamente perjudicial.
Lo que buscamos cuando una vulva está irritada es una prenda seca, transpirable, poco ajustada y que no produzca fricción.
El algodón puede cumplir perfectamente estas condiciones, pero no es el único material que puede hacerlo. Además, absorbe bien la humedad pero puede permanecer mojado durante bastante tiempo. Una braguita de algodón empapada de sudor no se convierte en una buena opción simplemente porque la etiqueta diga 100 % algodón.
Algunos tejidos técnicos actuales evacuan la humedad y se secan rápidamente. Si son suaves, transpirables y no producen roce, no existe una razón médica para prohibirlos.
Por eso, ante una vulva irritada, más que mirar la composición de la etiqueta conviene observar cómo se comporta la prenda: si aprieta, si roza, si permite transpirar y, sobre todo, si permanece húmeda.
La regla práctica no es "algodón sí, sintético no". Buscamos una prenda seca, transpirable, cómoda y sin roce.
Lo mismo vale para el tanga, el bañador y la ropa deportiva.
La vagina no necesita lavarse por dentro
En las adolescentes merece la pena hablar también de higiene íntima.
La vagina tiene sus propios mecanismos para mantener su equilibrio. Las duchas vaginales no son necesarias y pueden alterar el entorno vaginal. Tampoco necesitamos desodorantes íntimos ni perfumes.
La higiene debe ser externa y suave.
Muchas adolescentes empiezan a utilizar estos productos precisamente porque aparece el flujo fisiológico de la pubertad y sienten que necesitan lavarse más. Conviene explicarles que tener flujo no significa estar sucia.
Cuando algo no encaja
La mayoría de estas molestias son leves, pero hay situaciones en las que debemos ampliar el diagnóstico.
En una niña, un flujo persistente, especialmente si es maloliente o contiene sangre, obliga a valorar otras causas, entre ellas un cuerpo extraño vaginal. Si encontramos zonas blanquecinas, picor intenso, fisuras o dolor recurrente debemos pensar también en enfermedades dermatológicas como el liquen escleroso.
Algunas infecciones bacterianas pueden producir un enrojecimiento intenso, dolor y secreción. El estreptococo del grupo A es uno de los microorganismos que podemos encontrar en niñas prepuberales con vulvovaginitis.
En adolescentes, las lesiones, el flujo anormal, el dolor pélvico o el sangrado requieren ampliar todavía más la historia clínica.
¿Cuándo quiero verlo en consulta?
Fiebre, dolor importante, dificultad para hacer pipí, secreción purulenta, sangre, úlceras, ampollas o una inflamación llamativa justifican una valoración.
También conviene consultar cuando existe flujo persistente o maloliente, picor nocturno intenso, episodios que vuelven una y otra vez o síntomas urinarios.
Si parecía una irritación sencilla pero después de dos o tres días de cuidados básicos no está claramente mejor, no seguiría cambiando de crema. Revisaría el diagnóstico.
En la playa, pocas normas y bastante sentido común
No necesitamos convertir las vacaciones en un protocolo médico.
Los niños pueden pasar horas jugando en el agua. No hace falta cambiarles el bañador cada vez que salen de la piscina ni lavarles los genitales después de cada baño.
Cuando termine el tiempo de agua, retiramos el bañador húmedo, aclaramos sal, arena o cloro con agua dulce y secamos sin frotar. Si existe irritación, elegimos ropa seca, transpirable, cómoda y que no roce.
En las niñas pequeñas enseñamos a limpiarse de delante hacia atrás, vigilamos el estreñimiento y procuramos que no pasen horas aguantándose el pipí porque están jugando o no quieren utilizar el baño de la playa.
Y si aparece picor o enrojecimiento, antes de buscar un desinfectante, un antifúngico o un antibiótico, pensemos en lo que ha ocurrido durante los últimos días.
En una niña pequeña, recordemos también los oxiuros. En un niño, no forcemos nunca un prepucio inflamado. Y en una adolescente, no demos por hecho que todo picor son hongos ni que necesita un producto de higiene íntima.
La mayoría de las veces estaremos ante una irritación producida por el propio verano. Cuando la evolución o los síntomas no encajan, habrá que buscar otra causa.
Una vulva o un pene enrojecidos nos dicen que algo está irritando o inflamando la zona. Averiguar qué es resulta bastante más útil que empezar a probar productos.




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