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Vacunas y efectos adversos: el riesgo real explicado sin miedo (2026) (II)

  • hace 7 horas
  • 4 Min. de lectura

No tienes tiempo: Te lo resumo


  • Las vacunas pueden producir efectos adversos.

  • Los graves son extraordinariamente raros (anafilaxia ≈ 1 por cada 1.000.000 de dosis).

  • La mayoría de las notificaciones son leves y no implican daño permanente.

  • No existe relación causal entre vacunas y autismo.

  • Los “componentes” están en dosis mínimas, controladas y estudiadas.

  • El riesgo de la vacuna es mucho menor que el riesgo de la enfermedad natural.

No hay riesgo cero en medicina.Hay riesgos comparables.

Y, comparados, los datos son claros.

Si en la primera entrada hablábamos del riesgo de no vacunar, esta segunda parte aborda la otra cara de la decisión:

👉 ¿Qué riesgos reales tienen las vacunas?

Porque sí, los tienen.Negarlo sería poco honesto.Pero entenderlos bien cambia por completo la conversación. También os rcomiedo leer las entradas previas en las que hemos hablado sobre vacunación infantil: https://www.berrinchesyabrazos.com/inicio/categories/vacunaci%C3%B3n-infantil


1. Qué significa realmente “efecto adverso”

Un efecto adverso es cualquier problema de salud que ocurre después de una intervención médica.

No significa automáticamente que esté causado por ella.

Si un niño se vacuna hoy y mañana tiene diarrea, eso es un efecto adverso notificado.Pero la pregunta médica es otra:¿hay relación causal o es una coincidencia temporal?

Por eso existe la farmacovigilancia.

En España, las sospechas se notifican en el sistema oficial (AEMPS/FEDRA).Se notifica todo lo sospechoso, incluso lo leve o dudoso.El sistema está diseñado para no perder señales, aunque eso implique recoger muchas coincidencias.

En 2023 se registraron más de 42.000 notificaciones de sospechas de reacciones adversas relacionadas con medicamentos y vacunas en España. La mayoría fueron leves.Solo una fracción se clasificó inicialmente como grave.Y no todas demostraron relación causal tras análisis.

Notificar no es confirmar. Es vigilar.

2. ¿Existen efectos adversos graves?

Sí. Y es importante decirlo con claridad.

Algunos ejemplos bien documentados:

  • Anafilaxia: aproximadamente 1 caso por cada millón de dosis.

  • Convulsión febril asociada a fiebre tras vacunación: alrededor de 1 por cada 3.000–5.000 dosis, con evolución benigna.

  • Trombocitopenia transitoria tras triple vírica: alrededor de 1 por cada 30.000 dosis.

Son cifras públicas. Revisadas. Reproducidas.

La pregunta no es si existen. La pregunta es si son frecuentes y cómo se comparan con el riesgo de la enfermedad natural.

Y ahí la diferencia es abrumadora.



3. Pongamos contexto: otros medicamentos que usamos sin miedo

Ningún medicamento es “riesgo cero”.

  • El ibuprofeno puede provocar sangrado digestivo grave en aproximadamente 1–4 de cada 1.000 adultos/año con uso prolongado.

  • El paracetamol es una de las principales causas de insuficiencia hepática aguda por sobredosis.

  • El omeprazol, ampliamente prescrito, se asocia a efectos adversos en uso crónico.

Y sin embargo, los usamos.

¿Por qué?

Porque entendemos que el riesgo, en el contexto adecuado, es asumible y menor que el beneficio.

Exigir a las vacunas un estándar de riesgo inexistente que no exigimos a otros fármacos no es coherente desde el punto de vista médico.


4. El mito del autismo

Aquí conviene ser tajante:

👉 Las vacunas no causan autismo.

La hipótesis surgió de un estudio que fue retirado por graves errores metodológicos y conflictos de interés.

Desde entonces, múltiples estudios con millones de niños en distintos países han demostrado que no existe relación causal.

¿Por qué la idea persiste?

Porque el diagnóstico de autismo suele coincidir en edad con el calendario vacunal.Y el cerebro humano es experto en confundir coincidencia con causalidad.

“Pasó después” no significa “fue por eso”.

Si te preocupa el autismo, la pregunta útil no es qué vacuna lo provoca. La pregunta útil es cómo detectar precozmente y cómo intervenir antes.

Ahí sí hay ciencia. Y apoyo real.


5. “Me preocupan los componentes”

Este miedo suele centrarse en palabras que suenan técnicas:

Aluminio. Formaldehído. Polisorbato.

Aquí hay una regla básica de biología:👉 la dosis hace el veneno.

Las cantidades presentes en vacunas son microgramos, muy inferiores a las exposiciones cotidianas a través de alimentos, agua o metabolismo natural.

El cuerpo no distingue entre “natural” y “artificial”.Distingue entre cantidades manejables y dañinas.

Y lo natural no es sinónimo de seguro.

El sarampión es natural. La meningitis es natural. La tos ferina es natural.

Y ninguna es inocua.


6. La diferencia real entre vacuna y enfermedad

Una vacuna es:

  • exposición controlada

  • dosis conocida

  • respuesta inmune predecible

  • seguimiento activo

Una infección natural es:

  • exposición imprevisible

  • carga viral variable

  • complicaciones no elegibles

  • desenlace incierto

La vacuna no elimina el riesgo.Lo reduce y lo gestiona.


7. La decisión adulta

La pregunta honesta no es:

¿Puede una vacuna tener efectos secundarios?

Puede.

La pregunta adulta es:

¿Qué riesgo es menor y más controlable?

La medicina no ofrece certezas absolutas.Ofrece comparación de probabilidades.

Y cuando se comparan los riesgos reales, la conclusión científica es consistente desde hace décadas.


Para terminar

Si en la primera entrada hablábamos del riesgo de no vacunar, aquí hemos hablado del riesgo de vacunar.

Ambos existen. No son equivalentes.

Vacunar no es un acto de fe. Es una decisión basada en la gestión racional del riesgo.

Y cuando la decisión afecta a un niño, conviene tomarla con datos, no con miedo.

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