¿Protegéis los oídos de vuestros hijos?
- JOSE ANGEL BILBAO SUSTACHA
- hace 2 días
- 4 Min. de lectura
Ruido y niños (para ir al grano)
🔊 A partir de 90 dB, el ruido deja de ser seguro si se mantiene.
🚨 Por encima de 100 dB, puede haber daño incluso en exposiciones cortas.
👶 El oído infantil no es más resistente: está en desarrollo y filtra peor el exceso.
🧠 El ruido intenso no solo afecta al oído, también al sistema nervioso (estrés, desregulación, mal dormir).
♾️ El riesgo no es un día puntual, sino la exposición repetida (fiestas, restaurantes ruidosos, ferias, petardos…).
🌈 En niños con neurodivergencia (TEA, TDAH, trastornos sensoriales, epilepsia…) el impacto es mayor y más rápido.
🎧 Proteger los oídos no es exagerar: es adaptación y prevención.
📏 Regla simple: si tienes que gritar para hablar, ese entorno no es seguro para un bebé.
👉 Las fiestas pasan. El oído no se regenera.Cuidar también es evitar ruidos que no aportan nada.

No es una pregunta retórica. Es una pregunta incómoda.Y necesaria.
La hago después de estar esta mañana en el Coso Blanco de Salou y ver algo que se repite con demasiada facilidad: bebés y niños pequeños expuestos a música y ruido muy por encima de lo razonable, cerca de altavoces, sin ningún tipo de protección auditiva.
Y no, el Coso Blanco no es el problema. Es solo el principio del calendario.
Porque ahora vendrán los carnavales.Y las fiestas con diables y correfocs.Las ferias.Las Fallas con su mascletà.Las fiestas veraniegas en la calle.Y, casi sin darnos cuenta, los petardos por Navidad.
El calendario festivo es largo.El ruido, intenso y repetido.Y la exposición, demasiadas veces, normalizada.
Y ahí aparece la pregunta que conviene hacerse antes, no después:
¿Protegéis los oídos de vuestros hijos?
El ruido no es solo molestia
Es agresión cuando supera ciertos límites.

A partir de 90 dB, el sonido deja de ser seguro si se mantiene.Por encima de 100 dB, el riesgo existe incluso en exposiciones cortas.
Y en muchas fiestas populares —pero también en situaciones mucho más cotidianas— esos niveles se alcanzan con facilidad.
Un adulto puede alejarse.Un niño pequeño, no.
El oído infantil no es una versión pequeña del adulto
Es un sistema en desarrollo.
El niño pequeño:
Recibe el sonido con más intensidad.
Filtra peor el exceso.
No puede anticipar, huir ni verbalizar lo que le ocurre.
Por eso, cuando un bebé llora en un entorno ruidoso,no está siendo exagerado.Está desbordado.
Cuando el sonido se siente en el cuerpo
Piensa un momento:
¿Cuántas veces has notado la música o el ruido retumbando en tu pecho, en el estómago, en la cabeza?
Ese “bum, bum” que se siente más que se oye suele indicar niveles por encima de 95–100 dB.Frecuencias bajas que vibran en todo el cuerpo.
Si tú lo notas así,un bebé —más pequeño, con un sistema nervioso inmaduro— lo recibe con mucha más intensidad.
No siempre deja una lesión visible en el oído.Pero sí deja estrés fisiológico y neurológico.
Un punto clave: niños con necesidades especiales
Aquí hay que detenerse.
Hay niños para los que el ruido no es solo molesto. Es claramente desregulador.
Especialmente niños con:
Trastorno del espectro autista (TEA)
TDAH
Trastornos del procesamiento sensorial
Discapacidad intelectual
Ansiedad infantil
Epilepsia
Antecedentes neurológicos o prematuridad
En ellos, el ruido no actúa solo sobre el oído.Actúa sobre todo el sistema nervioso.
¿Qué provoca el ruido en estos niños?
Con ruidos intensos o imprevisibles es frecuente observar:
Sobrecarga sensorial rápida
Respuestas de alarma desproporcionadas
Crisis de llanto o bloqueos
Conductas de huida
Irritabilidad mantenida tras la exposición
Dificultad para recuperar la calma durante horas
En algunos casos, crisis epilépticas o empeoramiento del control conductual
No es mala educación. No es falta de límites. No es “que no sabe estar”.
Es un sistema nervioso que no puede filtrar el exceso.
El problema añadido: lo invisible
Muchas veces estos niños:
No verbalizan el malestar
No siempre se tapan los oídos
No siempre avisan antes de desregularse
La crisis parece repentina.Pero no lo es: llevaba tiempo gestándose.
Y aquí, más que nunca, la protección auditiva:
No es exagerada
No es opcional
No es sobreprotección
Es adaptación razonable al entorno.
Y no hablemos solo de fiestas
Os propongo una escena muy cotidiana:un restaurante lleno, mesas juntas, conversaciones cruzadas, platos, música de fondo.
Y la pregunta incómoda:
¿En España hablamos alto?
No es un juicio cultural. Es una observación.
En muchos restaurantes familiares se alcanzan 85–95 dB de forma sostenida.A veces más.
Y allí están los niños:
Sentados durante una hora
Sin poder alejarse
Sin protección
Con el ruido constante envolviéndolos
El oído no distingue si el ruido viene de una mascletà o de una sobremesa.Solo recibe energía acústica.
Os propongo un juego (muy revelador)
En Android y iOS existen aplicaciones que funcionan como sonómetros.Buscad: sonómetro o decibelios.
No para obsesionarse.Solo para mirar.
Probadlo:
En una fiesta
En una feria
En una mascletà
Y también en un restaurante bullicioso
Mirad el número.Luego mirad a vuestro hijo.
A veces, poner un número a lo que sentimos en el cuerpo cambia la forma de decidir.
Tres ideas que conviene desmontar
❌ “Que se acostumbre” → el oído no se entrena soportando agresiones.
❌ “Es solo un rato” → a ciertos decibelios, un rato basta.
❌ “Siempre se ha hecho así” → muchas cosas se hicieron siempre… hasta que supimos más.
Proteger no es exagerar. Es hacer de adulto con la información que tenemos hoy.
Una regla sencilla que no falla
Si tienes que gritar para hablar con quien tienes al lado,ese entorno no es seguro para un bebé.
Da igual que sea una fiesta popularo una comida familiar.
Para terminar
Las fiestas pasan.Las sobremesas también.El oído no se regenera.
Así que la pregunta queda ahí, sin juicio, pero con responsabilidad:
¿Protegéis los oídos de vuestros hijos?¿Y sois conscientes del ruido cotidiano al que los exponemos?
Os leo en comentarios.
Porque cuidar también empieza por mirar, medir… y replantearse cosas.



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