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Vómitos y diarrea: la guía práctica de rehidratación que toda familia debería tener a mano

  • hace 2 días
  • 5 min de lectura

Hay un momento que cualquier madre o padre reconoce al instante. El niño vomita justo después de beber un sorbo de agua y, casi sin pensarlo, aparece la idea: “Si lo echa todo, mejor no darle nada más.”

Es una reacción muy comprensible. Y, sin embargo, suele ir en dirección contraria a lo que realmente ayuda.

Lo explico porque la rehidratación en casa es uno de esos temas donde la intuición y la fisiología no siempre se llevan bien. Y porque entender un par de ideas básicas puede evitar una noche interminable o incluso una visita a urgencias.

El vómito no significa que haya que parar

Esta es la parte que más cuesta aceptar: que vomite no significa que debamos dejar de ofrecer líquido.

Mientras hay vómitos o diarrea, el cuerpo sigue perdiendo agua y sales. Si dejamos de reponerlas, el riesgo de deshidratación aumenta justo cuando más nos interesa evitarla.

Lo que cambia no es si damos líquido. Lo que cambia es cómo lo damos.

La técnica que mejor funciona

Cuando un niño vomita, lo habitual es intentar compensar rápido: un vaso entero, un biberón lleno, medio suero. Y claro, vuelve a vomitar.

No porque el líquido sea malo. Sino porque un estómago irritado no tolera volumen.

La pauta que mejor funciona es casi ridícula de lo sencilla que es:

  • 5 ml cada 5 minutos (una cucharadita pequeña).

  • Mantener ese ritmo un buen rato.

  • Subir despacio si lo tolera.

Un estómago que protesta no quiere cantidad. Quiere frecuencia.

¿Y si vuelve a vomitar?

No es un fracaso. No significa que haya que rendirse.

Se espera unos diez minutos, se baja aún más la cantidad y se vuelve a empezar. La clave es la paciencia, sobre todo cuando son las tres de la mañana y todos están agotados.

Qué ofrecer

Lo ideal son las soluciones de rehidratación oral de farmacia. Están diseñadas para que el intestino pueda absorber agua incluso cuando está inflamado.

Si el niño toma pecho, la lactancia continúa. No hace falta “dar descanso al estómago”.

¿Y el ondansetrón?= "La pastilla para dejar de vomitar".

Es un tema con cierta polémica clínica, especialmente en los últimos años. En un ensayo aleatorizado en seis urgencias pediátricas, proporcionando seis dosis de ondansetrón oral para las primeras 48 horas tras el alta. El resultado es llamativo: entre los niños con vómitos por gastroenteritis, recibir ondansetrón tras la visita a urgencias se asoció con un riesgo menor de gastroenteritis moderada-grave durante los 7 días siguientes, comparado con placebo.

En el contexto de urgencias con deshidratación leve-moderada, la evidencia es sólida. Un ensayo multicéntrico italiano encontró que una dosis única de ondansetrón oral redujo el riesgo de rehidratación intravenosa en más del 50% frente a placebo y frente a domperidona.

Aunque dar ondansetrón oral puede aumentar la probabilidad de éxito de la rehidratación oral, puede también empeorar la diarrea, y no se sabe en qué medida los niños tratados con ondansetrón pueden estar en riesgo de deshidratación recurrente o visitas adicionales por diarrea. El efecto secundario más frecuente y relevante en este contexto es precisamente ese: el ondansetrón frena el vómito, pero puede agravar la diarrea, lo que significa que el balance en un niño sin deshidratación real es mucho menos favorable que en uno que ya tiene dificultades para rehidratarse.

Puede ayudar en algunos casos, pero no sustituye la técnica de las pequeñas cantidades frecuentes. La base del tratamiento sigue siendo la rehidratación oral bien hecha.


Mi opinión:

El ondansetrón es un fármaco con indicación real y eficacia demostrada cuando hay deshidratación y el niño no puede retener líquido, pero no es el antiemético automático para cualquier niño que vomite con una gastro. La técnica de las tomas pequeñas y frecuentes resuelve la mayoría de los casos sin necesidad de fármaco, y cuando el pediatra lo indica al alta, ahora hay evidencia de 2025 que lo respalda mejor que antes.

Por qué Aquarius, Coca-Cola y similares no sirven

Es un consejo muy extendido: “Dale Aquarius, que tiene sales”. La intención es buena, pero estas bebidas están pensadas para deportistas que sudan, no para niños con gastroenteritis.

Tienen demasiado azúcar y muy poca sal para lo que se pierde con vómitos y diarrea. Ese desequilibrio puede empeorar la diarrea y no rehidrata bien.

Si es lo único que hay en casa, puede servir como puente mientras se consigue un suero oral. Pero no debería ser la estrategia principal.


Remedios caseros: los que tienen sentido y los que no tanto

A lo largo de los años, las familias han probado de todo. Algunos remedios tienen más lógica de la que parece.

Agua de arroz

Probablemente el remedio casero con mejor respaldo. Aporta agua y almidón, y puede ayudar a disminuir el volumen de las deposiciones.

Sopa de zanahoria de Moro

Una receta centenaria que sigue teniendo valor. La cocción prolongada genera compuestos que dificultan que algunas bacterias se adhieran al intestino.

Suero casero

Útil solo como emergencia. La receta clásica (1 litro de agua, 6 cucharaditas rasas de azúcar y ½ de sal) funciona, pero exige precisión. Un poco más de azúcar o de sal puede ser contraproducente.

Plátano

Aporta potasio, que se pierde mucho en estos cuadros. No rehidrata, pero ayuda cuando ya tolera algo de comida.

Infusiones

La mayoría tienen más tradición que evidencia. El jengibre es la excepción: puede reducir las náuseas en algunos niños. La manzanilla alivia molestias, pero no rehidrata.

Cuando el niño no quiere beber

Esto desespera a cualquier familia. Y suele tener una explicación muy simple: el suero sabe raro. No es capricho.

A veces basta con cambiar la herramienta:

  • jeringa

  • cucharilla

  • sorbos mínimos

  • cantidades casi simbólicas

Y un truco que funciona sorprendentemente bien: el frío. El suero frío se tolera mejor. Incluso en forma de polos o cubitos.

Si aun así no hay manera, en niños mayores de seis meses puede ser más útil que beban algo aceptable —aunque no sea perfecto— a que no beban nada.


Cómo reconocer signos de deshidratación

Conviene consultar si aparecen:

  • boca seca

  • pocas lágrimas

  • ojos hundidos

  • menos pañales mojados

  • orina escasa

  • decaimiento

  • somnolencia llamativa

  • manos o pies fríos

Cuándo ir a urgencias

Es recomendable valorar al niño si:

  • tiene menos de 3 meses

  • vomita verde

  • hay sangre en las heces

  • tiene dolor abdominal intenso

  • rechaza líquidos durante horas

  • no orina

  • está muy decaído

  • no retiene ni pequeñas cantidades administradas con cuchara o jeringa

Si solo te quedas con una idea

Que vomite no significa que no puedas hacer nada. Significa que hay que cambiar la estrategia.

Cinco mililitros cada cinco minutos. Con calma. Con una cuchara, una jeringa o un polo de suero. Y, cuando sea posible, con una solución de rehidratación oral.

En gastroenteritis, muchas veces el objetivo no es que beba mucho. Es que absorba lo que bebe.



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