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SEPARACIÓN Y DIVORCIO CON NIÑOS: CUANDO EL CONFLICTO DE LOS ADULTOS SE CONVIERTE EN DAÑO EMOCIONAL

  • Foto del escritor: JOSE ANGEL BILBAO SUSTACHA
    JOSE ANGEL BILBAO SUSTACHA
  • 21 nov
  • 5 Min. de lectura


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No tienes tiempo: Te lo resumo:

El problema no es el divorcio, es el conflicto entre los padres.

 Los niños no dicen “estoy mal”: lo expresan con dolor de barriga, insomnio, agresividad, regresiones y bajada escolar.

 Entre el 20–25% de los niños de padres separados sufren problemas emocionales (el doble que en familias no separadas).

 El 30% acaba necesitando atención psicológica antes de la adolescencia.

 Cuando hay conflicto alto, el daño se multiplica.

 La ley catalana es clara: el interés del menor va primero.

 Como pediatra, no soy arma ni juez para que un progenitor gane y otro pierda.

 Aunque puedo actuar sin acuerdo, el consenso siempre es mejor.

 Y una verdad que muchos evitan: vuestros hijos seguirán siéndolo toda la vida. Actuad en consecuencia.


Hoy ha entrado en la consulta una madre agotada.No venía por fiebre ni por tos.Venía porque su hija de 7 años no duerme, llora al cambiar de casa, se aferra a ella, y cuando le pregunta qué le pasa, solo alcanza a decir:

—«No quiero ir… me pongo nerviosa.»

La niña lo está pasando mal.Ella lo sabe. Yo lo sé.El otro progenitor no quiere verlo.

Y aquí empieza esa parte del divorcio que nadie quiere contar:la de los niños que quedan en medio de dos adultos que ya no pueden ponerse de acuerdo.

Esto no es teoría.Esto es pediatría real.

1. El divorcio no rompe a los niños. El conflicto sí.

La evidencia lo confirma: el problema no es la separación en sí, sino cómo se vive.

Según estudios españoles, entre el 20–25% de los menores de padres separados presentan problemas psicológicos, frente al 10% de los niños de familias no separadas.Y alrededor del 30% de estos niños están en tratamiento antes de la adolescencia —el triple que en familias sin ruptura.

El factor común que más daño hace no es el divorcio, sino:

  • la hostilidad,

  • las discusiones,

  • las incoherencias,

  • las luchas de poder,

  • y los desacuerdos continuos entre los progenitores.

Los niños pueden adaptarse a dos casas.A lo que no pueden adaptarse es a vivir en una guerra emocional.

2. Cómo se expresa el dolor emocional en un niño: más allá de la conducta

El dolor emocional en la infancia no grita, somatiza.No se explica, se actúa.No dice “estoy mal”, dice “me duele algo”.

Dolor emocional = estrés sostenido en un cerebro inmaduro

El cerebro infantil no tiene aún la corteza prefrontal suficientemente desarrollada como para regular emociones complejas.La amígdala —la zona encargada de la alarma emocional— domina la escena.

Cuando un niño vive conflicto, incertidumbre o miedo permanente, la amígdala se hiperactiva. Y eso se traduce en:

A) Síntomas físicos (somatizaciones)

  • dolor abdominal recurrente,

  • náuseas,

  • cefaleas,

  • mareos,

  • vómitos sin causa orgánica,

  • sensación de “nudo” en el pecho o garganta.

El cuerpo habla cuando las palabras no pueden.

B) Sueño alterado

  • despertares,

  • pesadillas,

  • terrores nocturnos,

  • insomnio,

  • miedo a dormir solo.

El sueño es el primer sistema que se rompe cuando hay estrés emocional.

C) Cambios de conducta

  • irritabilidad,

  • impulsividad,

  • llanto fácil,

  • agresividad,

  • conflictos con compañeros,

  • bajada brusca del rendimiento escolar.

Estos comportamientos no son malos hábitos: son respuestas neurofisiológicas al estrés.

D) Regresiones

  • enuresis (mojar la cama),

  • encopresis,

  • volver a hablar como antes,

  • apego extremo a un progenitor,

  • miedo intenso a separarse.

La regresión es un mecanismo de supervivencia.

E) “Rechazo” o miedo a ir con uno de los progenitores

A veces malinterpretado como “manipulación”, cuando en realidad es una señal directa de sufrimiento.

Nada de esto es teatro.Es dolor emocional no resuelto.


Lo que la evidencia dice sobre separación, conflicto y salud emocional en niños.


🧠 Riesgo emocional aumentado

  • 20–25% de los niños con padres separados presentan problemas psicológicos o psiquiátricos.

  • En familias no separadas, es el 10%.(x2 de riesgo)

📉 Necesidad de tratamiento

  • 30% de los niños en procesos de separación reciben tratamiento psicológico antes de la adolescencia.

  • En familias sin ruptura, apenas el 10%.(x3 más frecuente)

🔥 El factor que más daña: el conflicto

  • El nivel de conflicto entre progenitores predice más daño emocional que el propio divorcio.

  • Los niños expuestos a conflicto intenso puntúan más bajo en salud física, emocional y social.

🏚 Peor calidad de vida cuando hay hostilidad

  • Los menores en divorcios con alta conflictividad presentan peor calidad de vida global que los de divorcios de baja conflictividad.

⚠️ Primeros años = mayor vulnerabilidad

  • La separación entre los 9 meses y los 9 años aumenta el riesgo emocional si coincide con inestabilidad, mudanzas o conflicto.

📚 Impacto escolar

  • En situaciones de conflicto, aumenta el riesgo de:

    • bajada de rendimiento,

    • problemas de concentración,

    • absentismo emocional.

🌪 Síntoma clave: las somatizaciones

  • El dolor emocional infantil aparece mayoritariamente como dolor de barriga, cefaleas, náuseas o insomnio, no como “tristeza verbalizada”.


3. La verdad incómoda: a veces quien bloquea la ayuda es parte del problema

No siempre.Pero sí con una frecuencia dolorosamente alta.

En consulta lo vemos:cuando un niño empieza a romperse, suele haber un clima emocional que lo sobrepasa.Y a veces, el adulto que más se resiste a pedir ayuda es justamente quien forma parte del origen del problema.

El otro progenitor queda entonces solo: madre, padre, refugio, sostén, terapeuta improvisado y salvavidas.

Y como pediatra lo ves claro:ese niño necesita soporte YA.

4. ¿Qué pasa cuando uno de los padres dice “no” a la ayuda?

Pasa esto:

  • El niño sigue sufriendo.

  • Se cronifica el malestar emocional.

  • Aumentan los riesgos psicológicos.

  • La carga cae sobre un solo progenitor.

  • Y la tensión crece.

Recordemos que los estudios muestran un aumento significativo del riesgo emocional cuando hay alta conflictividad entre padres separados.

En pediatría lo vemos todos los días:la neutralidad ante el daño también es daño.

5. La ley catalana es clara: el interés del menor va PRIMERO

Según la Ley 14/2010, el menor tiene derecho a recibir toda la atención necesaria, incluso cuando uno de los progenitores se opone.

Tres principios clave:

  1. El interés del menor prevalece sobre cualquier conflicto adulto.

  2. Los profesionales sanitarios deben intervenir si detectan riesgo.

  3. Un progenitor no puede bloquear la atención sanitaria necesaria.

6. Qué puede hacer un pediatra cuando no hay acuerdo

Todo esto:

  1. Ver al niño sin consenso.

  2. Documentar síntomas y evolución.

  3. Emitir informe clínico con recomendaciones claras.

  4. Derivar a salud mental con un solo progenitor.

  5. Activar protocolo de riesgo si es necesario.

  6. Notificar a servicios sociales si el bloqueo supone desatención.

Los datos avalan estas actuaciones: los niños expuestos a conflictos intensos tienen peor salud mental, peor calidad de vida y mayor riesgo de trastornos emocionales.


7. Y lo digo claro —y lo siento si no os gusta—

Como pediatra NO voy a ser utilizada para que un progenitor “gane” y el otro “pierda”.

No soy juez.No soy árbitro.No soy arma ni coartada.

Mi única lealtad es el niño.Si alguien pretende usar mis informes para atacar al otro, ahí no entraré jamás.

Estoy para proteger al menor.

Solo al menor.


8. Aun así, SIEMPRE es mejor el consenso

Aunque yo pueda actuar sin él. Aunque la ley me lo permita. Aunque el niño necesite ayuda urgentemente.

El consenso siempre es mejor.

Da estabilidad.Reduce el conflicto.Mejora la adherencia.Y ayuda a que el niño no se sienta partido en dos.

9. Lo que digo en consulta

“Mi prioridad es la salud de tu hijo.La ley me obliga a actuar incluso sin acuerdo,PERO lo mejor para él es que lo decidáis juntos.”

10. Y un mensaje final necesario

Os guste o no, vuestros hijos seguirán siendo vuestros hijos toda la vida.Vosotros podréis reorganizar vuestras vidas… o no.Cambiar de pareja, de casa, de horarios, de rutinas.

Pero ellos seguirán ahí, creciendo en medio de lo que decidáis hacer —o no hacer—.

Actuad en consecuencia.No pongáis sobre sus hombros un conflicto que no es suyo.No uséis su salud emocional como moneda de cambio.No esperéis que ellos se adapten a vuestras batallas.

Hay muchas cosas que pueden cambiar.Pero una no: vuestro hijo os necesita estables. Y eso sí depende de vosotros.

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